LouLou, la perrita que sobrevivió 50 horas sola tras una avalancha en Alaska

Una avalancha arrastró cuesta abajo a dos montañistas en Alaska. Los dos sobrevivieron, pero su perrita desapareció en la nieve. Cincuenta horas después, la señal intermitente de un pequeño rastreador y una veintena de voluntarios la devolvieron a casa.

El sábado 10 de octubre, poco después del mediodía, los Alaska Wildlife Troopers recibieron el aviso: dos personas heridas tras una avalancha en el Parque Estatal Chugach, a unos 50 kilómetros al noreste de Anchorage. Con ellos iba LouLou, una perra mezcla de poodle y husky. Nadie sabía dónde estaba.

La avalancha

Los dos montañistas, ambos con experiencia, recorrían una cresta entre los picos Pepper y Salt, al norte del lago Eklutna. La nieve cedió y los arrastró unos 150 metros pendiente abajo.

Las lesiones fueron serias: costillas rotas, una mandíbula fracturada, una vértebra rota y una herida grave en una mano. Un helicóptero HH-60W de la Guardia Nacional Aérea de Alaska, con pararrescatistas a bordo, los sacó de la montaña y los llevó al Providence Alaska Medical Center, en Anchorage. Según los medios locales, ambos quedaron estables y con buen pronóstico.

«Es temporada de avalanchas en Alaska», advirtió Graham Predeger, del Centro de Avalanchas del Bosque Nacional Chugach, en el comunicado de la Guardia Nacional.

Una dueña al otro lado del mundo

Lauren Padawer, la dueña de LouLou, estaba en el extranjero celebrando los 80 años de su padre. Se enteró del accidente por una publicación en Facebook de la asociación Friends of the Chugach Avalanche Center. Su pareja era uno de los montañistas heridos.

Desde la distancia empezó a organizar la búsqueda en grupos locales de montaña y de mascotas. La respuesta fue inmediata: más de 20 voluntarios se sumaron el primer día, entre excursionistas, operadores de drones, un equipo con perro rastreador y pilotos de helicóptero. Algunos subieron más de 1.200 metros de desnivel antes de que el mal tiempo los obligara a regresar.

La pista del AirTag

LouLou llevaba en el collar un AirTag de Apple, un rastreador del tamaño de una moneda. No tiene GPS: envía una señal Bluetooth que solo se registra cuando un iPhone pasa cerca. En una montaña deshabitada, eso casi nunca ocurre.

Por eso la señal llegó a cuentagotas, sobre todo cuando los helicópteros sobrevolaban la zona. Según, los pings llegaban siempre desde la misma área general, una pista clave que mantuvo viva la búsqueda. La primera ubicación estimada se desviaba casi un kilómetro, y Padawer la cruzó con imágenes satelitales para afinar la zona.

Cerca de las 50 horas, los pilotos voluntarios Amanda Barker y Dave Beckett recibieron un nuevo ping. Aterrizaron lo más cerca que pudieron y caminaron unos 20 minutos por la nieve. Allí estaba LouLou, de pie, ladrando y aullando al verlos. El video muestra a Barker invitándola: «Vamos a dar un paseo, LouLou».

El veterinario le encontró un dedo roto y un colmillo perdido. Por lo demás, estaba sana. «Simplemente rompí a llorar», contó Padawer a Alaska’s News Source cuando vio la foto del rescate.

Cómo resiste un perro 50 horas en la nieve

La raza ayudó. Los perros nórdicos como el husky siberiano tienen una doble capa de pelo que aísla del frío, explica la veterinaria Jennifer Coates. Aun así, por debajo de los −7 °C cualquier perro corre riesgo de hipotermia o congelación si pasa mucho tiempo afuera, y el viento y la humedad lo agravan.

Los especialistas en perros de trineo describen otra estrategia: dormir enroscados, con la cola sobre la nariz, para conservar calor. El pelo solo protege si está seco.

Rastreadores: útiles, pero con límites

Apple diseñó el AirTag para objetos, no para mascotas. Cuando lo lanzó, en 2021, la compañía advirtió que, si se usaba en un animal, este tendría que pasar cerca de un dispositivo de su red de búsqueda para ser ubicado. Los collares GPS con conexión celular reportan su posición sin depender de teléfonos cercanos, aunque requieren suscripción y batería.

No es el primer rescate con ayuda de estos aparatos. En diciembre de 2025, en San Diego, los dueños de Sadie, una labradora, siguieron su AirTag hasta la playa. Los socorristas la sacaron del mar a casi un kilómetro de la costa.

El microchip, que no rastrea en tiempo real, sigue siendo la herramienta más probada. Un estudio publicado en 2009 en la revista de la Asociación Médica Veterinaria de EE. UU. (JAVMA), con más de 7.700 animales en refugios, halló que el 52,2 % de los perros con chip volvió con su familia, frente al 21,9 % de los que no lo tenían.

Y en Ecuador

En Quito, la Ordenanza 019 de bienestar animal, de 2021, obliga a identificar a perros y gatos con un microchip colocado por un veterinario acreditado y registrarlos en el Registro Metropolitano de Fauna Urbana. En Guayaquil, el Municipio ha colocado gratis microchips a 42.170 perros y gatos en los últimos tres años. La Dirección de Protección de los Derechos de los Animales recuerda que el chip «no funciona como un GPS».

Lo que deja la historia

LouLou ya está en casa. «Está disfrutando del sofá y las siestas», escribió Padawer. Sus dueños se recuperan de sus lesiones. Y la temporada de avalanchas en Alaska apenas empieza.

Para quienes viven con mascotas, aquí o en cualquier lugar, la historia deja consejos prácticos:

  1. Identificación primero. Un microchip registrado y una placa con un teléfono siguen siendo lo más eficaz para recuperar a un animal perdido.
  2. El rastreador ayuda, pero no es GPS. Un AirTag u otro rastreador Bluetooth funciona bien en ciudad, donde abundan los teléfonos. Para caminatas en montaña o zonas rurales, un collar GPS con señal celular es más fiable.
  3. Planificar las salidas. En la montaña, consultar el clima y las alertas de riesgo antes de salir, y no llevar al perro a terrenos peligrosos.
  4. Organizar la búsqueda. Si una mascota se pierde, difundir de inmediato en grupos locales: en Alaska, la red de voluntarios fue decisiva.
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