
Hace dos siglos quedaban menos de mil. Hoy, un nuevo estudio estima que en el remoto atolón de Aldabra, en Seychelles, viven casi 183.000 tortugas gigantes: más que todos los habitantes del país. La noticia dio la vuelta al mundo y tiene una lectura especial en Ecuador, porque solo existen dos lugares en el planeta con tortugas gigantes silvestres. El otro es Galápagos.
La cifra sorprendió incluso a quienes conocen bien la isla. Un equipo de la Seychelles Islands Foundation (SIF) y de la Universidad de Exeter, en Reino Unido, calculó que en Aldabra viven unas 183.000 tortugas gigantes adultas y subadultas. Es la estimación más alta registrada para la especie (Aldabrachelys gigantea), según el estudio publicado en la revista científica Ecology and Evolution.
Seychelles, un archipiélago del océano Índico frente a la costa oriental de África, tiene unos 122.000 habitantes, de acuerdo con la cifra que cita CNN. De ahí el titular que se volvió viral en redes y medios de todo el mundo: las tortugas ya superan a las personas.
¿CÓMO SE CUENTAN 183.000 TORTUGAS?
Contar tortugas en un atolón de matorral espeso, manglares y roca coralina no es sencillo. Los investigadores analizaron los conteos realizados en Aldabra durante cinco años, entre 2018 y 2022.
Con esos datos aplicaron un modelo estadístico de muestreo por distancia, que corrige los animales que los observadores no logran ver y las diferencias de visibilidad entre un pastizal abierto y un manglar. Por eso la cifra es una estimación y no un conteo uno por uno.
«En algunos lugares es realmente difícil», reconoció la coautora Nancy Bunbury, de la Universidad de Exeter, en declaraciones recogidas por CNN. Las tortugas se concentran sobre todo en los pastizales, conocidos como tortoise turf, y son más difíciles de detectar en el matorral denso.
Los propios autores piden cautela con una lectura: la estimación anterior, de finales de los años noventa, hablaba de unas 100.000 tortugas. Pero eso no significa que la población casi se haya duplicado, porque los conteos antiguos no corregían a los animales no detectados, explica Popular Science.
DE MENOS DE MIL A CASI 183.000
La historia de Aldabra es la de una especie al borde del abismo. En el siglo XIX, la caza intensiva por parte de marineros y colonos redujo la población a menos de mil ejemplares.
La recuperación llevó décadas y tuvo hitos claros:
1. 1981: Aldabra fue declarada reserva natural estricta.
2. 1982: la Unesco la inscribió como Patrimonio de la Humanidad.
3. 2012: se completó la erradicación de las cabras ferales, que competían con las tortugas por el alimento.
Para Frauke Fleischer-Dogley, directora ejecutiva de la SIF, el resultado es una prueba de lo que puede lograr un compromiso de conservación sostenido en el tiempo. Dave Hudson, de la Universidad de Exeter, matizó que las cifras son «una línea de base, no un punto final».
Una tortuga de Aldabra puede pesar hasta 250 kilos y vivir más de un siglo. El caso más célebre es Jonathan, que vive en la isla de Santa Elena y probablemente procede de Aldabra o de las islas graníticas de Seychelles: con unos 194 años, el Guinness World Records lo reconoce como el animal terrestre vivo más longevo.
EL ESPEJO DE GALÁPAGOS
Aldabra y Galápagos son los dos únicos lugares del mundo donde las tortugas gigantes viven en libertad. Las historias se parecen, pero la escala es distinta.
Según el Parque Nacional Galápagos, en el archipiélago ecuatoriano vivían alguna vez unas 400.000 tortugas gigantes. Balleneros, piratas y colonos las cazaron durante siglos porque podían sobrevivir meses sin agua ni comida en las bodegas de los barcos. Hoy queda alrededor del 15 % de aquella población original, de acuerdo con datos que el Parque compartió con Primicias en 2020.
A diferencia de Aldabra, que tiene una sola especie, Galápagos alberga varias especies de tortugas gigantes, cada una adaptada a su isla o volcán. Algunas desaparecieron. La más recordada es la de Pinta, cuyo último representante, el Solitario George, murió en 2012.
También hay historias de rescate. En la isla Española, la especie Chelonoidis hoodensis llegó a tener apenas 15 ejemplares en edad reproductiva: 12 hembras y 3 machos, llevados al centro de crianza de Santa Cruz. Uno de ellos, Diego, repatriado desde el zoológico de San Diego en 1976, se hizo famoso por ser padre de unas 800 crías. Hoy viven en Española unas 2.000 tortugas, de las cuales 1.800 nacieron en cautiverio y fueron repatriadas, según el Parque Nacional Galápagos.
El archipiélago mantiene además monitoreos periódicos, como el del volcán Alcedo, en Isabela, o el de San Cristóbal, donde un censo estimó unas 6.700 tortugas de la especie Chelonoidis chathamensis. Los programas se ejecutan con Galapagos Conservancy dentro de la Iniciativa para la Restauración de las Tortugas Gigantes.
LAS AMENAZAS QUE NO DESAPARECEN
Ni siquiera Aldabra puede cantar victoria. Los investigadores advierten que las sequías más largas y frecuentes, asociadas al cambio climático, pueden reducir la sombra y el alimento. La subida del nivel del mar amenaza un atolón de poca altura. Y los gatos y las ratas negras se comen huevos y crías.
En Galápagos, el desafío se parece: especies invasoras como ratas, gatos, cerdos o la hormiga colorada, y la presión de la actividad humana sobre el hábitat.
¿QUÉ VIENE?
El estudio de Aldabra se convierte ahora en la referencia para medir, década a década, si la especie sigue creciendo o empieza a sentir el clima. Para Galápagos, es un recordatorio de que la recuperación es posible, pero lenta: requiere protección estricta, control de especies invasoras y décadas de constancia.
La buena noticia que se volvió viral esta semana es, en el fondo, una lección de paciencia. Las tortugas gigantes viven más de cien años; salvarlas también toma ese tiempo.