
El 7 de octubre, un barco zarpó de Tarawa, en Kiribati, rumbo a un atolón deshabitado del Pacífico Sur. Lleva a 17 investigadores con sonar, magnetómetros y una draga. Su objetivo es identificar una mancha en el fondo de una laguna que, según algunos, podría ser el avión de Amelia Earhart, la aviadora desaparecida en 1937. Otros expertos creen que es apenas un árbol caído. En unas semanas podría saberse quién tiene razón.
Seis días de mar hacia Nikumaroro
La expedición salió de Tarawa, capital de Kiribati, hacia las 19:30 hora local del miércoles 7 de octubre, según un comunicado de la Universidad de Purdue. Viaja a bordo del Marin Mainiku, un barco de la naviera estatal de Kiribati equipado con una lancha de desembarco. La travesía cubre unas 830 millas náuticas (cerca de 1.540 kilómetros) a unos 8 nudos, y debería llegar a Nikumaroro hacia el 12 o 13 de octubre, según la zona horaria.
La misión la dirigen el Archaeological Legacy Institute (ALI), una organización de Oregón, y la Universidad de Purdue, con apoyo de la empresa RECON Offshore y del Gobierno de Kiribati. El director del proyecto es el arqueólogo Richard Pettigrew. El equipo incluye arqueólogos marítimos y terrestres, especialistas en tecnología, un médico, cineastas y tres representantes de Kiribati.
El vínculo de Purdue con Earhart es histórico. La aviadora fue profesora visitante en esa universidad, y la Fundación de Investigación de Purdue financió el Lockheed Electra 10-E con el que desapareció. «Le debemos al legado de Amelia en Purdue seguir la evidencia», dijo a CBS News Steve Schultz, vicepresidente de la universidad y líder de su equipo en el terreno.
Nikumaroro está deshabitado desde 1963, cuando el Gobierno británico evacuó a sus últimos colonos. El equipo vivirá a bordo y en la isla durante unas tres semanas, con energía solar propia. Además de buscar el avión, recogerá datos ambientales y de mareas para Kiribati.
Una mancha vista desde el espacio
El llamado «objeto Taraia» es una forma sumergida en la laguna de Nikumaroro, frente a la punta Taraia, que da nombre al hallazgo. Según National Geographic, lo detectó en 2020 el investigador aficionado Michael Ashmore en imágenes satelitales de Apple Maps.
El análisis de imágenes posteriores indica que la forma se hizo visible por primera vez el 27 de abril de 2015, quizá después de que el ciclón tropical Pam removiera los sedimentos un mes antes. Pettigrew sostiene que el objeto es metálico. Se apoya en un video de dron de 2017, en un destello captado en una grabación desde helicóptero de 2001 y en una mancha blanca que aparece en una foto aérea neozelandesa de 1938.
Su hipótesis es la siguiente: Earhart habría aterrizado en el arrecife plano de la isla. Después, la marea habría levantado el avión, y el oleaje le habría arrancado las alas exteriores, los motores y el tren de aterrizaje. El fuselaje, más liviano, habría flotado hasta la laguna.
El plan de trabajo incluye fotografía y video de la zona, barridos con sonar y magnetómetro, una sonda hidráulica y, si hace falta, dragar el objeto para identificarlo. «Mi definición de éxito es identificar correctamente qué es el objeto Taraia», dijo Pettigrew a National Geographic. Si resulta ser un avión, el equipo planea volver el próximo año para excavar.
Julio de 1937: el último tramo
Amelia Earhart ya era una leyenda cuando emprendió su vuelo más ambicioso. En 1932 se había convertido en la primera mujer en cruzar sola el Atlántico en avión. En 1937 quiso ser la primera persona en dar la vuelta al mundo siguiendo la línea ecuatorial.
Con el navegante Fred Noonan había recorrido unos 35.400 de los cerca de 46.700 kilómetros previstos. El 2 de julio de 1937 despegaron de Lae, en Nueva Guinea, rumbo a la diminuta isla Howland, en pleno Pacífico, donde debían cargar combustible. Nunca llegaron. Las últimas transmisiones de radio indicaban que estaban cerca, pero no lograban ver la isla. Siguieron una de las mayores búsquedas aéreas y navales de la época, sin resultados.
Desde entonces hay tres grandes teorías:
- Se estrellaron en el mar. El avión se habría quedado sin combustible cerca de Howland y se habría hundido a gran profundidad.
- Fueron náufragos en Nikumaroro. La defiende el Grupo Internacional para la Recuperación de Aviones Históricos (TIGHAR): habrían aterrizado en el arrecife del atolón, a unos 640 kilómetros de Howland, y habrían muerto allí.
- Fueron capturados por Japón. Es la menos respaldada por evidencia documental.
La segunda teoría se apoya en un hallazgo de 1940. Ese año se encontraron en Nikumaroro 13 huesos humanos, que un médico midió en Fiyi. Los huesos se perdieron, pero un análisis moderno de aquellas mediciones sugiere que pertenecían a una mujer de ascendencia europea, según National Geographic. En 2017, perros forenses detectaron rastros de restos humanos en un antiguo campamento de la isla, aunque la excavación no halló nada.
Falsas alarmas y escépticos
La historia de la búsqueda está llena de pistas que no condujeron a nada. TIGHAR ha organizado o participado en 14 expediciones en tres décadas, según National Geographic. La más reciente falsa alarma fue en 2024. La empresa Deep Sea Vision difundió una imagen de sonar que parecía mostrar un avión en el fondo marino cerca de Howland. En noviembre de ese año, la propia compañía informó que se trataba de una formación rocosa natural, según NBC News y CBS News.
El objeto Taraia también genera dudas, incluso entre quienes conocen bien Nikumaroro. Ric Gillespie, director de TIGHAR, dijo a NBC News en 2025 que no cree que tenga relación con Earhart: «Hemos buscado en ese lugar y no hay nada». Su equipo pensó al principio que era una palmera o un pandán caído, con sus raíces.
Andrew McKenna, veterano de seis expediciones, hizo un estudio a escala. Concluyó que el objeto es demasiado pequeño, que la laguna es demasiado poco profunda y que la forma no corresponde. Según él, un Electra dejaría una silueta en forma de cruz de al menos 6,7 metros de ancho y unos 9 metros de largo. «Me cuesta creer que, si ese objeto estaba ahí, no lo hubiéramos visto», dijo a National Geographic, en referencia a las inspecciones con buzos y detectores de metales de 2001 y 2007.
Incluso el descubridor de la imagen ha cambiado de opinión. El sitio web de Michael Ashmore califica hoy su hipótesis como «desmentida». Pettigrew, en cambio, mantiene que la evidencia justifica ir a comprobarlo. Schultz lo resume así: alguien tiene que mirar el objeto, «y bien podemos ser nosotros».
¿Qué viene?
Si el calendario se cumple, el equipo llegará a Nikumaroro a inicios de la próxima semana y deberá cruzar el arrecife por el llamado «canal volado», una abertura que los británicos abrieron con explosivos décadas atrás. El fenómeno de El Niño podría complicar el oleaje y las mareas, advierte Purdue.
Hay tres resultados posibles. El primero es que el objeto sea un árbol, una roca o chatarra moderna; sería una pista más descartada, pero también una respuesta. El segundo es que aparezcan restos metálicos de un avión: en ese caso habría que comprobar, pieza por pieza y con números de serie, si corresponden a un Lockheed Electra 10-E. El tercero es que el resultado no sea concluyente y la búsqueda se prolongue otro año.
La Archaeology Channel documentará la expedición con videos breves, de modo que el público podrá seguirla casi en tiempo real. Lo prudente es esperar: hasta ahora no hay ningún hallazgo confirmado.
Casi 90 años después, Earhart sigue inspirando a nuevas generaciones de pilotos, en especial mujeres. «Amelia estuvo allá afuera, pasando exactamente por lo mismo», dijo a CBS News Wendy Rover, de la organización de mujeres piloto The Ninety-Nines, que Earhart ayudó a fundar. Resuelva o no el misterio, la expedición vuelve a poner en el centro a una mujer que desafió los límites de su época.