
La dieron por muerta. Le dijeron a su familia que probablemente se la había comido un coyote. Pero Luna, una perrita de 10 años y unos nueve kilos, pasó 34 días sola en el Parque Nacional Yellowstone, en Estados Unidos. Allí viven lobos, osos grizzly y coyotes, y en las noches de otoño hace frío. El 14 de octubre de 2026 la encontraron con vida, gracias a una trampa que no tenía comida: tenía el olor de su familia.
Una puerta abierta por error
Luna es blanca, de orejas puntiagudas, y llevaba un collar gris. The Associated Press la describe como una jack russell terrier y su familia dice que es en parte chihuahua. Sus dueños son una familia de California que pidió no ser identificada. La habían llevado de vacaciones y se alojaban en una cabaña de uno de los hoteles de la zona de Canyon Village, en el lado este del parque, en Wyoming.
El 10 de septiembre, la familia fue a visitar el Norris Geyser Basin, una zona termal donde no se permiten perros. Dejaron a Luna en la cabaña con el letrero de «No molestar» en la puerta. Según la familia y los rescatistas, todo apunta a que alguien del personal de limpieza abrió la puerta por accidente, y Luna salió corriendo.
Los empleados la persiguieron durante más de dos horas, sin éxito. Todd Walton, director de marketing de Yellowstone National Park Lodges, la empresa que opera los alojamientos, lo calificó ante ABC como un accidente desafortunado. La familia siguió los avistamientos durante una semana más y luego tuvo que volver a California sin ella.
Un mes de pistas
La historia pudo terminar ahí. Pero días después, alguien reportó haberla visto. La familia contactó a Katie Boucher, presidenta del Norris Ark Training and Recovery Center, una organización de Montana especializada en recuperar animales perdidos.
Durante septiembre y octubre llegaron reportes: Luna cruzando intersecciones, rondando las viviendas de los empleados del parque e incluso entrando a los hoteles por las puertas automáticas. Según los rescatistas, parecía recorrer de nuevo los restaurantes y alojamientos por donde había pasado con su familia. Marie Jaskula, que administra un almacén dentro del parque, puso carteles en todas las entradas. En redes sociales, la organización de Boucher iba publicando cada avistamiento.
El tiempo jugaba en contra. Se acercaba el invierno y estaba por cerrar el parque de casas rodantes para empleados de temporada donde se alojaba Boucher. Era, en la práctica, la última semana posible de búsqueda.
La trampa que olía a casa
Los voluntarios descartaron usar comida. En Yellowstone, un cebo puede atraer a un oso o a un lobo antes que a un perro de nueve kilos. En su lugar, armaron una trampa humanitaria y pusieron dentro retazos de una camiseta y de una funda de almohada de la familia.
El 13 de octubre por la tarde, Boucher recibió el aviso de que Luna había pasado todo el día cerca de la trampa, en una zona donde se construye una nueva carretera. La dueña voló desde California. El miércoles 14, ella y Boucher la encontraron dentro. Según Newsweek, Luna estaba descansando, saludó a su dueña y se dejó poner la correa.
«Tiene bajo peso, pero es de esperarse. Está alerta y de buen ánimo», dijo Boucher a AP. Esa misma tarde la revisó un veterinario. Linda Veress, portavoz del parque, confirmó que estaba «viva y bien». La organización de Boucher lo anunció en Facebook con un mensaje en mayúsculas: «¡LA TENEMOS! Luna está a salvo».
¿Cómo sobrevivió en un parque lleno de depredadores?
Yellowstone no es un lugar amable para un perro pequeño. A finales de 2025 había 84 lobos en el parque, en siete manadas, según el informe anual del Servicio de Parques Nacionales (NPS). La misma entidad calcula que entre 150 y 200 osos grizzly tienen su territorio dentro del parque y que en todo el ecosistema hay alrededor de mil. Los coyotes, según el NPS, son «abundantes».
Boucher tiene una explicación para lo que pasó. Antes de ser adoptada, Luna vivió su primer año en la calle, y eso le dejó un fuerte instinto de supervivencia. Su comportamiento durante el mes perdido también ayudó: se mantuvo cerca de zonas con gente, edificios y restaurantes, donde los depredadores suelen acercarse menos.
La trampa con olor tampoco fue una ocurrencia. Un estudio de la Universidad de Emory publicado en 2014 en la revista Behavioural Processes analizó con resonancia magnética el cerebro de 12 perros. Encontró que el núcleo caudado, una zona asociada a la recompensa, se activa más con el olor de personas conocidas que con cualquier otro. El estudio no habla de trampas, pero ayuda a entender por qué una camiseta usada puede atraer más que un plato de comida.
Lo que aconsejan los expertos: no perseguir
Hay una regla que repiten todos los que trabajan en rescate de mascotas: no perseguir al animal. «Es muy difícil recalcar lo importante que es no perseguirla», dijo Jaskula a AP. Boucher coincide: hay que llamar a un profesional de inmediato.
La razón es lo que los especialistas llaman «modo supervivencia». Un perro asustado y perdido puede dejar de responder incluso a su propio dueño, porque el miedo se impone a lo aprendido. Gritar su nombre o correr detrás de él lo empuja a huir. Organizaciones como Missing Animal Response, fundada en 2005 por la investigadora estadounidense Kat Albrecht, recomiendan otra estrategia: agacharse o sentarse, hablar con calma, dar la espalda y dejar que el animal se acerque. También sugieren dejar ropa sin lavar en el lugar donde se perdió.
No es el primer caso
Luna no es la primera sobreviviente del parque. En 2015, Jade, una pastora australiana de 18 meses, huyó tras un accidente de tránsito el 23 de julio y pasó 42 días perdida en Yellowstone. La encontraron, como a Luna, cerca de Canyon Village, según Fox News y Cottage Life.
Si viajas con tu mascota
El caso deja lecciones para quien viaja con perros, en Estados Unidos o en Ecuador:
– Revisa las reglas del lugar. En Yellowstone, las mascotas solo se permiten en zonas desarrolladas, a menos de 30 metros de carreteras, estacionamientos y campings. Deben ir con correa de 1,8 metros como máximo, están prohibidas en senderos y zonas termales y no pueden quedarse solas.
– Ponle microchip y mantén los datos al día. En un estudio publicado en 2009 en el Journal of the American Veterinary Medical Association, los perros con microchip volvieron con su familia en el 52,2% de los casos, frente al 21,9% de los que no lo tenían. La principal causa de fallo fueron los datos de contacto desactualizados.
– Considera un collar con GPS para excursiones en zonas abiertas.
– Si se pierde, no lo persigas. Avisa de inmediato a las autoridades del lugar y a grupos de rescate, y deja ropa con tu olor donde lo viste por última vez.
¿Qué viene?
Hasta el cierre de esta nota no se habían publicado novedades sobre el regreso de Luna a California ni sobre su recuperación. Los rescatistas aprovecharon la atención para pedir a los visitantes que no lleven mascotas al parque. «Es demasiado peligroso», escribió la organización de Boucher en Facebook. Con el invierno encima, el final feliz llegó justo a tiempo.