La falta de control en los juegos mecánicos de Guayaquil deja una nueva víctima grave y expone una ruleta rusa de negligencia. Un hombre sufrió un hematoma cerebral tras caer e impactarse fuertemente contra los asientos y el piso del juego conocido como Tagadá, en el parque de atracciones ubicado en Samanes, al norte de la ciudad. El agravante de este suceso es que el accidente, registrado el sábado 25 de julio, ocurrió mientras el recinto operaba de manera ilegal: el lugar tenía sellos de clausura y carecía de permisos municipales

Lejos de recibir auxilio inmediato, el afectado y su familia enfrentaron el abandono total por parte de los administradores. Según el relato de su esposa, el parque no contaba con protocolos de emergencia ni personal médico en las instalaciones. El hombre, con una severa lesión en la cabeza, tuvo que caminar casi dos kilómetros hasta la salida para poder buscar asistencia por sus propios medios.
Carencias hospitalarias y un recinto sin ley
El viacrucis de la familia continuó al salir del parque. Al llegar al hospital del IESS de Los Ceibos, se encontraron con la falta de tomógrafos disponibles, lo que los obligó a buscar atención urgente en una clínica particular. Fue en ese centro de salud donde los especialistas confirmaron el diagnóstico de la lesión cerebral.
Ante este hecho, el Municipio de Guayaquil ejecutó un nuevo operativo de control en las instalaciones de Samanes. Las autoridades comprobaron que los sellos de clausura colocados previamente habían sido arrancados por los operadores para seguir lucrando. Tras proceder con un resellado estricto, el cabildo anunció que el caso será remitido directamente a la Fiscalía para el inicio de acciones penales.
Un historial de sangre y fierros retorcidos
Este accidente no es un hecho aislado, sino que evidencia un patrón de peligro inminente en el recinto. El incidente en el Tagadá se suma al registrado apenas días antes en el mismo parque, donde una mujer cayó de una montaña rusa y quedó ingresada en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).
La operación clandestina de este lugar levanta fuertes cuestionamientos ciudadanos sobre la inoperancia de los controles municipales y la responsabilidad penal de los dueños, quienes continuaron encendiendo las máquinas pese al riesgo mortal para los usuarios.
Texto: Redacción Visionarias / IA