
Un equipo internacional liderado por la Universidad de Warwick (Reino Unido) encontró lo que podría ser el primer planeta «de segunda generación» alrededor de una estrella muerta: un mundo que no sobrevivió al final de su sol, sino que habría nacido de sus restos. El hallazgo, publicado el 5 de octubre en la revista Nature Astronomy, resolvió además un misterio que el telescopio espacial Hubble dejó abierto hace 27 años. Los propios autores advierten que, por ahora, es un candidato y no un planeta confirmado.
Un «caso archivado» desde 1999
La historia empieza con la enana blanca HS 0209+0832. En 1999, el Hubble obtuvo su espectro, la «huella» de luz que revela qué elementos contiene una estrella, y encontró unas 100 líneas químicas que nadie supo identificar, según el comunicado de ESA/Hubble. Durante casi tres décadas fue un rompecabezas sin solución.
El nuevo análisis identificó en esa estrella zinc, cobre y niobio en concentraciones más de 1.000 veces superiores a las del Sol, y muy poco silicio y hierro. Es la primera vez que se detecta niobio en una enana blanca. La misión FUSE, de la NASA y ya retirada, confirmó la señal.
La pista del planeta
La segunda pieza llegó del satélite TESS, de la NASA, que durante cuatro meses registró una variación de brillo débil y regular cada 4,4 días, según la Universidad de Warwick. Los investigadores la atribuyen a un gigante gaseoso del tamaño de Júpiter que gira muy cerca de la estrella, a unos 6 millones de kilómetros. Mercurio, el planeta más cercano al Sol, está casi diez veces más lejos.
A esa distancia, la radiación de la enana blanca, que supera los 35.000 grados, le arranca la atmósfera al planeta. Parte de ese gas «llueve» sobre la estrella y deja en ella la firma química que tanto desconcertó a los astrónomos. Según CNN, el sistema está a unos 270 años luz de la Tierra.
¿Por qué sería «de segunda generación»?
La clave está en la mezcla de elementos. El zinc, el cobre y el niobio en esas proporciones se fabrican mediante el llamado «proceso s», una cadena de reacciones nucleares que ocurre en estrellas moribundas, en su fase de gigante roja. «Este patrón de elementos es una señal inequívoca del proceso s», explicó Nicholas Stone, de la Universidad de Wisconsin-Madison y coautor del estudio.
Eso significa que el planeta no sería un superviviente de la época en que nació el sistema. Se habría formado con el material que su propia estrella expulsó al morir. «Parece construido con el mismo material que su propia estrella expulsó al morir», resumió Boris Gänsicke, de Warwick.
«Los planetas de segunda generación son mundos que se forman a partir del material que una estrella expulsa al morir. Son increíblemente raros, y encontrar uno alrededor de una enana blanca fue totalmente inesperado», añadió Jamie Williams, doctorando de Warwick y autor principal del trabajo.
La idea no es nueva en teoría. El astrofísico Hagai Perets propuso en 2010 que el material perdido por una estrella envejecida podría formar un disco y, en él, planetas nuevos. Lo que faltaba era un caso observado.
¿Cómo muere una estrella como el Sol?
Una enana blanca es el núcleo denso que queda cuando una estrella como el Sol agota su combustible, según la NASA. Antes de llegar a ese estado, la estrella se hincha como gigante roja y expulsa sus capas externas.
Eso le espera a nuestro Sol. Dentro de unos 5.000 millones de años se convertirá en gigante roja y probablemente engullirá la Tierra; después colapsará en una enana blanca, explica la NASA. Gänsicke plantea una pregunta sugerente: si nuestro sistema solar podría albergar algún día un planeta nacido de las cenizas del Sol.
No es el primer planeta junto a una estrella muerta, pero sí distinto
Ya se conocían planetas alrededor de enanas blancas. En 2020, TESS y el telescopio Spitzer detectaron WD 1856+534 b, un gigante a unos 80 años luz que da una vuelta cada 34 horas. En 2024, el telescopio James Webb fotografió dos posibles gigantes alrededor de otras enanas blancas.
Todos ellos, sin embargo, serían supervivientes: planetas nacidos con su estrella que resistieron su muerte. HS 0209+0832 sería el primer caso de un mundo nacido después.
Las cautelas
Los propios autores piden prudencia. «No es un planeta confirmado. Por ahora, es solo un candidato», dijo Williams a CNN. La señal de TESS admite dos lecturas: la diferencia de temperatura entre el día y la noche del planeta, o una cola de gas parecida a la de un cometa que pasa frente a la estrella.
Tampoco está resuelto cómo se formó el disco de material. El equipo cree que probablemente hizo falta una estrella compañera que devolviera a la órbita parte del gas expulsado, pero esa compañera no ha sido detectada.
Científicos que no participaron en el estudio lo consideran prometedor. Sarah Casewell, de la Universidad de Leicester, destacó a CNN que la estrella está contaminada por un material «increíblemente inusual». Amy Bonsor, de la Universidad de Cambridge, señaló que el hallazgo abre la puerta a estudiar si estos sistemas podrían algún día caracterizarse e incluso evaluarse en cuanto a habitabilidad.
¿Qué viene?
El equipo prepara nuevas observaciones con el Hubble y el James Webb para confirmar el planeta y medir mejor su masa, que el estudio sitúa entre 1 y 13 veces la de Júpiter. Si se confirma, HS 0209+0832 obligará a revisar una idea muy extendida: que la muerte de una estrella es el final de su sistema planetario.
Como dijo Williams a ESA/Hubble, la etapa de enana blanca podría no ser un epílogo, sino «solo el primer capítulo de una historia potencialmente mucho más larga».
Texto: Redacción Visionarias / IA · Con información de la Universidad de Warwick, ESA/Hubble y Nature Astronomy