
El océano Atlántico pasó un septiembre entero sin huracanes por primera vez desde 1994. La causa es un El Niño que los científicos de EE.UU. ya ven como uno de los más intensos desde 1950. Lo que allá es calma, en la costa ecuatoriana anuncia lluvias, y un golpe económico que los analistas ya intentan medir.
Septiembre suele ser el mes más activo de la temporada de huracanes en el Atlántico, con un promedio de dos a tres. Este año no hubo ninguno. Según CNN, es apenas la cuarta vez que ocurre desde 1950: antes sucedió en 1962, 1972 y 1994. En lo que va de temporada solo se formaron tres tormentas tropicales, Dolly, Gonzalo y Fay, y ninguna llegó a huracán.
El responsable está a miles de kilómetros, en el Pacífico ecuatorial, frente a las costas de Ecuador y Perú.
¿Por qué El Niño apaga los huracanes?
El Niño es el calentamiento anómalo de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial. Ese calor altera la circulación de la atmósfera en buena parte del planeta. Sobre el Atlántico tropical, refuerza los vientos de altura y aumenta la llamada cizalladura: la diferencia de velocidad y dirección del viento entre distintas alturas. Esa cizalladura desarma las tormentas antes de que se organicen.
“La cizalladura del viento ha sido récord desde este verano en partes de la principal región de desarrollo del Atlántico”, explicó a CNN Phil Klotzbach, especialista en huracanes de la Universidad Estatal de Colorado.
El efecto es opuesto en el Pacífico oriental. Allí, las aguas cálidas alimentaron una temporada muy activa: 20 tormentas con nombre y tres huracanes de categoría 5, según el recuento de CNN.
Un evento que apunta a récord
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de EE.UU. (NOAA) declaró el inicio de El Niño en junio. En su informe del 10 de septiembre, su Centro de Predicción Climática estimó una probabilidad superior al 90 % de que el evento sea “muy fuerte” durante el otoño y el invierno del hemisferio norte. En agosto, la anomalía de temperatura en la región de referencia del Pacífico central, conocida como Niño 3.4, era de +1,8 °C.
El mismo informe calcula en 75 % la probabilidad de que la anomalía supere +2,5 °C entre octubre y diciembre, un nivel comparable a los eventos más potentes desde 1950. De ahí que se hable de un “súper El Niño”. Que llegue a ser el más intenso jamás registrado es, por ahora, una proyección, no un hecho.
Ecuador ya está en alerta roja
En Ecuador, el fenómeno tiene efectos mucho más directos. El 29 de agosto, el Comité Nacional ERFEN confirmó la presencia de El Niño, y la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos declaró la alerta roja en todo el país mediante la resolución SNGR-238-2026, según El Comercio. El comité reportó anomalías de temperatura del mar de cerca de 4 °C frente a la costa ecuatoriana.
La alerta activó los Comités de Operaciones de Emergencia provinciales y municipales. Amplió además una alerta amarilla vigente desde mayo para 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias expuestos a inundaciones y deslizamientos.
Según el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI), citado por Expreso, la Costa vive en septiembre una transición con lluvias aisladas, sobre todo en zonas rurales. Las precipitaciones se intensificarán de forma más evidente entre noviembre y diciembre y podrían prolongarse hasta inicios de 2027.
La memoria de 1997-98
Ecuador conoce el costo de un El Niño extraordinario. El de 1997-98 causó pérdidas por USD 2.882 millones, equivalentes al 14,8 % del PIB, según el Centro Internacional para la Investigación del Fenómeno de El Niño (CIIFEN), con sede en Guayaquil, citado por El Universo. La Cepal estima una cifra similar, de alrededor del 15 % del PIB de 1997.
El balance humano también fue grave. Según los registros oficiales de entonces, hubo 244 muertos, más de 20.000 damnificados, 1.641 viviendas destruidas y unos 5.100 kilómetros de carreteras afectadas, entre vías principales y secundarias. Solo el evento de 1982-83 tuvo una magnitud comparable en el siglo XX.
Lo que podría costar esta vez
Las primeras estimaciones colocan a Ecuador entre los países más expuestos de la región. Un análisis de Goldman Sachs del 28 de septiembre, reportado por Bloomberg Línea, calcula que El Niño restaría 1,85 puntos porcentuales al crecimiento ecuatoriano en los cuatro trimestres siguientes a su inicio. Es el mayor impacto entre las economías latinoamericanas analizadas, por encima de Brasil (1,21 puntos).
El Banco Central del Ecuador (BCE) maneja dos escenarios para 2027, según Expreso. Un El Niño moderado restaría 0,5 puntos al crecimiento; uno fuerte, 1,4 puntos, unos USD 1.825 millones, según El Diario. En el escenario fuerte, el BCE proyecta además una caída de 3 % en las exportaciones no petroleras, con banano, cacao, camarón y pesca entre los productos más expuestos.
La paradoja eléctrica
Hay un efecto menos intuitivo. Las lluvias de El Niño se concentran en la Costa, mientras las grandes centrales hidroeléctricas dependen de cuencas de la Sierra y la Amazonía. Más de dos tercios de la electricidad del país es hidroeléctrica, según Goldman Sachs.
Hoy esas cuencas siguen en estiaje. El embalse de Mazar estaba el 1 de octubre en 2.131,5 metros sobre el nivel del mar, apenas 16,5 metros por encima de su cota operativa crítica, según Diligence. Ecuador podría enfrentar al mismo tiempo inundaciones en la Costa y riesgo de racionamientos eléctricos.
¿Qué viene?
La pregunta en el Atlántico es cuánto durará la calma. La temporada oficial termina el 30 de noviembre. Según CNN, que una temporada completa termine sin huracanes es estadísticamente improbable, aunque no imposible: solo ocurrió en 1907 y 1914, antes de la era satelital.
Para Ecuador, el calendario es otro. Según el INAMHI, noviembre y diciembre marcarán el inicio de las lluvias más intensas en la Costa, y el pico del fenómeno podría extenderse hacia el invierno costero de 2027, la temporada en que históricamente se concentraron los mayores daños. Las próximas actualizaciones del Comité ERFEN y de la NOAA, la evolución de los embalses y los planes de prevención de los municipios costeros definirán si el país llega mejor preparado que en 1997.
Texto: Redacción Visionarias / IA