
El clima en nuestro país nos pone nuevamente a prueba, y esta vez la consigna de las autoridades es actuar antes de que el agua nos alcance. Tras un análisis exhaustivo de los escenarios, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) nacional tomó una decisión clave: declarar el estado de Niño activo. Se trata de una medida de enorme magnitud que abarca a 17 provincias, 143 cantones y 491 parroquias, marcando un punto de inflexión en la gestión de riesgos.
Para miles de familias que habitan en zonas vulnerables, escuchar sobre este evento climático siempre genera tensión y amargos recuerdos. Sin embargo, el mensaje central es de calma y planificación: esta declaratoria no significa que el fenómeno ya esté presente ni que las lluvias intensas vayan a comenzar esta misma semana. Es, más bien, un escudo preventivo. El verdadero objetivo es elevar el nivel de alerta y preparación, obligando tanto a las instituciones públicas como a la ciudadanía a organizarse para que la naturaleza no nos tome por sorpresa.
El pronóstico desde los radares: ¿Qué advierten los expertos?
La resolución del COE nacional no fue tomada a la ligera, sino que responde a datos técnicos muy específicos. Juan Carlos Tapia, director del Instituto Oceanográfico y Antártico de la Armada (Inocar), fue el encargado de aterrizar las cifras y explicar el panorama actual. Los monitoreos son contundentes: las condiciones oceanográficas y meteorológicas registradas durante las últimas cuatro semanas muestran alteraciones que no se pueden ignorar.
De acuerdo con Tapia, los datos actuales arrojan una alta probabilidad de desarrollo del fenómeno en los próximos meses. Lo que todavía representa una gran interrogante para los especialistas es la intensidad con la que podría impactarnos. Al no poder predecir si enfrentaremos un Niño moderado, fuerte o extraordinario, la estrategia del Estado es prepararse para los escenarios más complejos.
El reloj corre: ¿Qué implica estar en «estado activo»?
Más allá de la etiqueta oficial, esta declaratoria es un llamado urgente a pasar del papel a la acción en el territorio. Frente a la inestabilidad del clima, la disposición es clara: el momento para actuar no es cuando los ríos se desbordan o las vías colapsan, sino ahora que todavía hay tiempo de maniobra.
Esta activación exige que las autoridades locales y los organismos de socorro desempolven y ejecuten sus planes de contingencia. Esto se traduce en obras urgentes como la limpieza de alcantarillas, el dragado de canales y la identificación clara de albergues seguros. Para quienes vivimos en nuestro país, el llamado también es individual: es el momento de revisar los techos de casa, armar mochilas de emergencia y entender que la prevención es la herramienta más efectiva que tenemos para proteger a los nuestros.